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sábado, 10 de mayo de 2014

la última cruzada...

los desmoronados trozos de su armadura caían al suelo, aquel fatigado hombre caminaba por aquella llanura, mientras en una mano sostenía un escudo aboyado y en la otra una espada ya sin filo, sin duda alguna aquella había sido la más feroz de las batallas que había tenido que librar jamás, sus heridas eran varias, pero no importaba pues estaba seguro que estas sanarían.

el paisaje aún nublado, remarcaba su palidez con la húmeda del suelo, el césped, crecido de forma irregular, acariciaba suavemente las manos de aquella alma que vagaba sola a lo largo de dicho páramo, y sin embargo con cada paso que daba parecía recobrar la fuerza. Poco a poco a la distancia y desde las colinas se aproximaba a él  la luz de un nuevo día ¡había sobrevivido al pasaje más oscuro de su vida! casi cómo si se tratara de un sueño la euforia se apoderó de su corazón e hizo hervir sus sangre, sin dudarlo, se quitó el desgastado yelmo, pues quería apreciar la entereza de aquel amanecer, de la misma manera y sin mostrar cansancio alguno se retiró el peto, pues quería respirar profundamente el aire puro de la brisa, que le rozaba el rostro y le traía consigo el alba.

-con los ojos abiertos y he estado tan ciego todo este tiempo -dijo suavemente mientras admiraba cómo las nubes comenzaban a clarear y la fresca vitalidad del césped al fin se hacía notar, aquel hombre dejó caer el yelmo de entre sus manos y como si de pronto hubiese olvidado todo el cansancio que yacía sobre sus hombros, corrió por la llanura, corrió con gran prisa hacia las colinas, en cada exhalación sentía aligerada su carga, subitamente, entre lagrimas y risas, gritó de felicidad ¡te perdono! más su exclamación no parecía dirigida a alguien en particular y sin embargo parecía reforzar su alegría.

aquel hombre corrió, corrió hacia las colinas y entre lagrimas de felicidad salió de entre las sombras, corrió cuan niño pequeño que pretende alzar en vuelo su papalote,  corrió con alevosía pues sabía con toda certeza que ahora era un hombre libre...

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