el paisaje aún nublado, remarcaba su palidez con la húmeda del suelo, el césped, crecido de forma irregular, acariciaba suavemente las manos de aquella alma que vagaba sola a lo largo de dicho páramo, y sin embargo con cada paso que daba parecía recobrar la fuerza. Poco a poco a la distancia y desde las colinas se aproximaba a él la luz de un nuevo día ¡había sobrevivido al pasaje más oscuro de su vida! casi cómo si se tratara de un sueño la euforia se apoderó de su corazón e hizo hervir sus sangre, sin dudarlo, se quitó el desgastado yelmo, pues quería apreciar la entereza de aquel amanecer, de la misma manera y sin mostrar cansancio alguno se retiró el peto, pues quería respirar profundamente el aire puro de la brisa, que le rozaba el rostro y le traía consigo el alba.
aquel hombre corrió, corrió hacia las colinas y entre lagrimas de felicidad salió de entre las sombras, corrió cuan niño pequeño que pretende alzar en vuelo su papalote, corrió con alevosía pues sabía con toda certeza que ahora era un hombre libre...
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