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viernes, 2 de mayo de 2014

El Manual del Perfecto suicida

Desesperación, tristeza, monotonía, sea cual sea la razón, el pensamiento de terminar con el fluido de aquella corriente que mantiene la mente en constante movimiento siempre ha sido una alternativa que ha recurrido al menos una vez en la "vida" de algunos, este razonamiento lejos de ser una perspectiva drástica o cuestionable parece más bien una alternativa a la desmesurada presencia de atenuantes en la utópica idea de felicidad que cada persona quisiera alcanzar, si bien siempre dicen que aquel que culmina su vida es valiente, pero es aun más valiente el que la lleva hasta su último aliento, toda esa palabrería me parece una argumentación estúpida de alguien que no sabe intervenir en tan tremenda particularidad, después de todo ¿qué tan valiente se puede ser si se enfrenta la vida con el mismo valor que se enfrenta a la muerte? la muerte en esencia representa la culminación total de cualquier problemática existente en el pensamiento, es tan efectiva que corta de raíz el pensamiento mismo, en lo particular consideraría un acto de extrema valentía el enfrentarse cara a cara con la inexistencia misma.

Seres queridos, amigos, familiares, allegados... ¿hay alguna razón verdadera por la cual uno debería no tomar tal decisión? hablando en un sentido más amplio, ante el pensamiento suicida, los vínculos emocionales pueden resultar un lastre del acto sugerido por la mente misma, cuestionarse acerca de las repercusiones de tal acto tan "atroz" en los allegados podría tener el efecto de un fuerte golpe en el riñón, sin embargo, no es sino la condescendencia que se tiene hacia los allegados lo que detiene el tren de vez en cuando, pues en realidad no existe el luto permanente, la muerte como la vida son meramente transitorias, casi como una reacción en cadena inevitable, aceptarlas no suena como una buena alternativa pero a fin de cuentas es la única opción que queda.

Indeseable, inconsistente, con altibajos, así es la vida, que se le ha de hacer, por otro lado, la muerte tampoco presenta un mejor panorama, la idea de la inexistencia no suena como a algo muy tolerable para el raciocinio, es una amenaza directa a su preservación ¿sería entonces que la respuesta de verdad se encuentra ahí? emitir un juicio apresurado, fuere cual fuere el contenido de este no parece una respuesta concreta a dicha pregunta. tal vez en realidad la vida parezca un bodrio, pero al caer el telón descubres que no estuvo tan mal, buscar el apoyo de las palabras "¿cuales pueden ser tus problemas? hay gente que vive peor" es tan eficaz cómo descubrir que aunque termines tus alimentos seguirán habiendo niños muriendo de hambre, la cuestión no es contrastar la miseria individual con la colectiva, después de todo ¿eso cómo arregla tus problemas? la verdad es que no lo hace, solo mitiga su insulsa realidad más no la elimina.

Haciendo una recuento de los daños y llevándolos a fondo, en realidad todo depende de la perspectiva, desde luego, es imposible contrastar tu perspectiva y experiencias con otro sujeto, puesto que la realidad que vives es solo tuya, asumiendo esta premisa queda a criterio de cada uno de nosotros evaluar que tan insufrible es nuestra situación y ver en el manto de nuestra propia experiencia si podemos saltar este trago amargo, después de todo para algo deben servir las experiencias. Y la idea más suculenta de todas ante tan tormentoso panorama parece ser el cese total de la furiosa lluvia golpeándonos el rostro, aunque siendo honestos a la vez parece la solución más estúpida de todas, pensando en que la mejor manera de no sentir la lluvia es suprimiendo por completo las sensaciones mismas. Si bien es cierto que el largo velo de la inexistencia nos cubrirá a todos en algún momento, acelerar el proceso es tan útil como una caja de cerrillos mojada. Después de todo si te enclaustraron injustamente en el circo de la sátira y la ironía al menos disfruta viendo a un domador de leones tratando de adiestrar una orca, tal vez cuando al fin salgas del circo la función te haya sacado una que otra carcajada.

A estas alturas sabrás que no daré un instructivo detallado de cómo cometer el suicidio perfecto, puesto que tal receta no existe, más que en una forma tal vez inclusive más atroz que envenenarte con cianuro, y esa es la de creer que se es lo suficientemente insignificante como para persistir, no hay suicido más efectivo que el de envenenarse la mente con antelación de juicio, si suena increíble solo basta con ver en retrospectiva y descubrir que los tormentosos azotes de días pasados, apenas parecen  lloviznas hoy día.

1 comentario:

  1. Me encantó tu final es cierto la muerte empieza por dentro de uno mismo, en nuestros pensamientos, ojala con la fuerza suficiente yo lograse desgarrar mi vida y perecer, en verdad que peleo contra mi naturaleza de "sobrevivir", amigo buena entrada

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