Si he de ser franco contigo corazón de asbesto, debes saber que estas palabras no ocultan el noble gesto de un desenlace alternativo, pues ambos sabemos que la nobleza se disolvió entre nuestros días y los gestos dejaron de ser honestos por falta de empatía.
Esta renuncia es de ti, de tus labios de ricina, que devoran la impetuosidad del alma en cada beso, porque hemos olvidado poner en la nevera los logros de este amor infante y en su lugar lo hastiamos con quehaceres, culpable tu, culpable yo, culpables los dos, cómplices de un crimen insano.
Es debido a esta intoxicación de muerte, que no nos deja avanzar, esta pesadez de nada que nos atrapa y nos confronta cuan perros de pelea, por estos días de ansiedad y agonía que preceden tu presencia, es que hoy deseo regalarte mi ausencia, cómo el primer regalo honesto del alma, pues lo nuestro fue un amargo encuentro y feliz despedida.

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