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jueves, 17 de abril de 2014

Tarde - !

Es curioso, cómo la vida puede dar cambios repentinos en tan solo un parpadeo. -No, no fue un parpadeo, fue solo el resultado de una mala decisión -se repite Brian, mientras sostiene firmemente su pistola hacia el frente, a la vez que trata de responderse a sí mismo como es que ha llegado a esta situación tan molesta para él. Por otra parte, al otro lado del cañón se encuentra él, su acompañante forzado (después de todo no hay muchas opciones cuando se es apuntando con un arma), ambos, compartiendo esta sofocante odisea mental.
Y así es cómo se encuentra este hombre ansioso, ante el panorama en el que habría deseado nunca estar y sin embargo ahora debe resolver, su golpe en la cabeza comienza a sangrar, pero no es el golpe en la cabeza lo que lo aturde, y eso él lo sabe con tal certeza que ignora la sangre correr lentamente por su cien. Mira de reojo el pasar de los segundos en el reloj de pared, cómo deseando que dicha acción simplemente disminuya la velocidad del tiempo, como si así encontrara la respuesta a la pregunta que no deja de rondar en su cabeza, ¿Cómo es que las cosas llegaron a ese punto?.
-¿es acaso este un callejón sin salida?- pregunta Brian al viento sin recibir una sola respuesta.
-¿es esto acaso un parteaguas en tu trama?, ¿es esto parte de tu juego?- grita Brian de nuevo, claramente desesperado por la tensión de lo inminente. Nuevamente no hay en el cuarto una voz que responda sus dudas y el siente que comienza a perder los estribos.
Brian comienza a transpirar, los nervios lo consumen y doblegan su coraje. Poco a poco se da cuenta de que tiembla incontrolablemente, de la misma manera en que lo haría si estuviera atrapado entre la nieve, es justo en ese momento en el que se da cuenta de que no sabe qué es lo que está haciendo. De pronto, el sujeto que hasta ese momento se había hecho pasar por estatua al otro lado del cañón, se mueve como un suspiro fugaz y se abalanza contra él. Brian finalmente sale de su trance mental y reacciona más rápido de lo que creía poder, repentinamente todos sus sentidos se agudizan, el dolor de cabeza desaparece por completo y todas sus preguntas dejan lugar a una sola respuesta.
Sólo se necesitó un disparo para terminar con el abrumador silencio del cuarto, y mientras Brian nota cómo es que el sonido de la detonación parece alejarse de sus oídos, se percata de que la luz hace lo propio con su vista...

Tarde
25-07-24
Eran las 07:00 am y como en muchas otras ocasiones Brian ya estaba despierto, aunque en realidad ni siquiera había conciliado el sueño. Cómo todas las mañanas, se levantó de la cama y Como parte de su rutina, salió al patio trasero a encender el termostato del agua y disponerse al fin a tomar una ducha caliente, pensaba en las deudas, la tarjeta de crédito que estaba sobregirada desde hacía dos meses, entre otras cosas. Contrariando a su tormentoso pensamiento salió tranquilamente de su ducha y se dispuso a preparar el atuendo que llevaría para ese día, se detuvo a pensar en la posibilidad de conocer a alguien importante ese día, por lo que meditó seriamente sobre cual sería un atuendo apropiado.
Finalmente después de meditarlo frente al ropero comenzó a organizar la ropa que más le convenció, por lo que escogió sus vaqueros cafés preferidos, su camisa favorita, al cual era azul cielo, y por último tomó una corbata azul fuerte del cajón superior, al verla no pudo evitar pensar en lo tediosa que era la formalidad de la corbata.
Pasivamente se dirigió a la cocina, “no es más que otro amanecer en el largo invierno de mi vida” se dijo a sí mismo mientras sonreía, actuando como si hubiera con él un compilador de frases profundas que quisiera anotar las palabras de su insípida filosofía matutina.
Desganado encendió la cafetera y colocó un poco de agua, se desplazó con la misma habilidad hacia el corredor, para poder encender el estéreo, a la par de dicha acción comenzó a sonar una melodía que a su gusto parecía ir acorde al escenario.
-Elvira madigan. ¿Cuantas veces habré escuchado aquella rebuscada pieza de Mozart? -Se preguntó mientras se abrochaba la camisa y se acomodaba la corbata.
Al mismo tiempo, en la cocina se dejaba oír un silbido sutil pero eficiente en su intención, el café estaba listo.
Así que aquí viene, otro día, alimento de mi emocionante historia -Dijo con el mismo entusiasmo que había puesto en su última aseveración.
Mientras tomaba un pan de la alacena y servía el café en la única taza que conservaba la oreja, trataba de imaginar a su yo de la infancia observándolo en aquella patética escena y al hacerlo llegó a su mente una pregunta un tanto trillada <<¿lamentaría mi “exitosa” vida de adulto?>> pensó.
-Desde luego -se respondió en voz alta sin meditarlo mucho, después dio un sorbo a su café y descubrió que estaba demasiado amargo y le faltaba azúcar -Ahora mismo lamento mi exitosa vida -añadió con un sombrío acento.
De pronto, su melancólica reflexión se vio interrumpida por el sonar de su celular y Brian un tanto dudoso de lo que iba a hacer, decidió comenzar por bajar el volumen del estero sin dejar de mirar fijamente el celular, finalmente dio un gran suspiro justo antes de llevarse el celular al oído y contestar.
-¿buenos días? –preguntó Brian deseando que nadie le respondiera.
-¿Brian dónde estás? El jefe lleva casi una hora preguntando por ti. –contestó una voz familiar al otro lado de la línea.
Brian meditó un poco, tratando de reconocer la voz y pronto cayó en cuenta de que se trataba de Michel, un compañero de oficina con el que solía conversar a la hora del almuerzo.
-lo siento Michel, ya voy en camino, solo que me he quedado atorado en el tráfico y no sé cuánto tiempo pueda tardar…- dijo Brian un poco sorprendido por lo que escuchó. Mientras tomaba su portafolios, se levantó de la mesa y miró su reloj cómo si quisiera creerse su propia mentira.
-Pues no sé hombre pero se le ve bastante molesto, deberías darte prisa. –Dijo Michel, en un tono que ponía en evidencia lo absurdo de la excusa.
¡Ya voy! –Replicó Brian, notoriamente ansioso, apagó el estéreo y a su paso por el perchero tomó sus llaves y acto seguido giró la manija de la puerta principal- Solo necesito escapar de este desastroso trafico y... -masculló justo antes de abrir la puerta principal y ser interrumpido por la cegadora luz matutina.
-¿Brian? ¿Y qué? Brian, ¿sigues ahí? –Preguntó Michel, pensando que Brian le había colgado.
-Y llego… -respondió Brian apenas recuperándose. 

Al terminar la llamada se sintió rápidamente incomodo, pues tras la cegadora luz del sol logró vislumbrar una sombra, la cual rápidamente se le abalanzó sobre él. Brian comenzó a sentir pesadez y de pronto, todo a su alrededor se desvaneció, ya no podía ver ni escuchar. La oscuridad lo envolvió al igual que en un sueño y por un momento creyó flotar cómo si de pronto se encontrara fuera de sí.

-¿Qué es esta sensación? –Dijo para sí mientras sentía como perdía la conciencia.

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miércoles, 16 de abril de 2014

Feliz despedida

Si he de ser franco contigo corazón de asbesto, debes saber que estas palabras no ocultan el noble gesto de un desenlace alternativo, pues ambos sabemos que la nobleza se disolvió entre nuestros días y los gestos dejaron de ser honestos por falta de empatía.

Esta renuncia es de ti, de tus labios de ricina, que devoran la impetuosidad del alma en cada beso, porque hemos olvidado poner en la nevera los logros de este amor infante y en su lugar lo hastiamos con quehaceres, culpable tu, culpable yo, culpables los dos, cómplices de un crimen insano.

Es debido a esta intoxicación de muerte, que no nos deja avanzar, esta pesadez de nada que nos atrapa y nos confronta cuan perros de pelea, por estos días de ansiedad y agonía que preceden tu presencia, es que hoy deseo regalarte mi ausencia, cómo el primer regalo honesto del alma, pues lo nuestro fue un amargo encuentro y feliz despedida.