Es
curioso, cómo la vida puede dar cambios repentinos en tan solo un
parpadeo. -No, no fue un parpadeo, fue solo el resultado de una mala
decisión -se repite Brian, mientras sostiene firmemente su pistola
hacia el frente, a la vez que trata de responderse a sí mismo como es
que ha llegado a esta situación tan molesta para él. Por otra parte, al otro lado del cañón se encuentra él, su acompañante forzado
(después de todo no hay muchas opciones cuando se es apuntando con
un arma), ambos, compartiendo esta sofocante odisea mental.
Y
así es cómo se encuentra este hombre ansioso, ante el panorama en
el que habría deseado nunca estar y sin embargo ahora debe resolver,
su golpe en la cabeza comienza a sangrar, pero no es el golpe en la
cabeza lo que lo aturde, y eso él lo sabe con tal certeza que ignora
la sangre correr lentamente por su cien. Mira de reojo el pasar de
los segundos en el reloj de pared, cómo deseando que dicha acción
simplemente disminuya la velocidad del tiempo, como si así
encontrara la respuesta a la pregunta que no deja de rondar en su
cabeza, ¿Cómo es que las cosas llegaron a ese punto?.
-¿es
acaso este un callejón sin salida?- pregunta Brian al viento sin
recibir una sola respuesta.
-¿es
esto acaso un parteaguas en tu trama?, ¿es esto parte de tu juego?-
grita Brian de nuevo, claramente desesperado por la tensión de lo
inminente. Nuevamente no hay en el cuarto una voz que responda sus
dudas y el siente que comienza a perder los estribos.
Brian
comienza a transpirar, los nervios lo consumen y doblegan su coraje.
Poco a poco se da cuenta de que tiembla incontrolablemente, de la
misma manera en que lo haría si estuviera atrapado entre la nieve,
es justo en ese momento en el que se da cuenta de que no sabe qué es
lo que está haciendo. De pronto, el sujeto que hasta ese momento se
había hecho pasar por estatua al otro lado del cañón, se mueve
como un suspiro fugaz y se abalanza contra él. Brian finalmente sale
de su trance mental y reacciona más rápido de lo que creía poder,
repentinamente todos sus sentidos se agudizan, el dolor de cabeza
desaparece por completo y todas sus preguntas dejan lugar a una sola
respuesta.
Sólo
se necesitó un disparo para terminar con el abrumador silencio del
cuarto, y mientras Brian nota cómo es que el sonido de la detonación
parece alejarse de sus oídos, se percata de que la luz hace lo
propio con su vista...
Tarde
25-07-24
Eran
las 07:00 am y como en muchas otras ocasiones Brian ya estaba
despierto, aunque en realidad ni siquiera había conciliado el sueño.
Cómo todas las mañanas, se levantó de la cama y Como parte de su
rutina, salió al patio trasero a encender el termostato del agua y
disponerse al fin a tomar una ducha caliente, pensaba en las deudas,
la tarjeta de crédito que estaba sobregirada desde hacía dos meses,
entre otras cosas. Contrariando a su tormentoso pensamiento salió
tranquilamente de su ducha y se dispuso a preparar el atuendo que
llevaría para ese día, se detuvo a pensar en la posibilidad de
conocer a alguien importante ese día, por lo que meditó seriamente
sobre cual sería un atuendo apropiado.
Finalmente
después de meditarlo frente al ropero comenzó a organizar la ropa
que más le convenció, por lo que escogió sus vaqueros cafés
preferidos, su camisa favorita, al cual era azul cielo, y por último
tomó una corbata azul fuerte del cajón superior, al verla no pudo
evitar pensar en lo tediosa que era la formalidad de la corbata.
Pasivamente
se dirigió a la cocina, “no es más que otro amanecer en el largo
invierno de mi vida” se dijo a sí mismo mientras sonreía,
actuando como si hubiera con él un compilador de frases profundas
que quisiera anotar las palabras de su insípida filosofía matutina.
Desganado
encendió la cafetera y colocó un poco de agua, se desplazó con la
misma habilidad hacia el corredor, para poder encender el estéreo, a
la par de dicha acción comenzó a sonar una melodía que a su gusto
parecía ir acorde al escenario.
-Elvira
madigan.
¿Cuantas veces habré escuchado aquella rebuscada pieza de Mozart?
-Se preguntó mientras se abrochaba la camisa y se acomodaba la
corbata.
Al
mismo tiempo, en la cocina se dejaba oír un silbido sutil pero
eficiente en su intención, el café estaba listo.
–Así
que aquí viene, otro día, alimento de mi emocionante historia -Dijo
con el mismo entusiasmo que había puesto en su última aseveración.
Mientras
tomaba un pan de la alacena y servía el café en la única taza que
conservaba la oreja, trataba de imaginar a su yo de la infancia
observándolo en aquella patética escena y al hacerlo llegó a su
mente una pregunta un tanto trillada <<¿lamentaría mi
“exitosa” vida de adulto?>> pensó.
-Desde
luego -se respondió en voz alta sin meditarlo mucho, después dio un
sorbo a su café y descubrió que estaba demasiado amargo y le
faltaba azúcar -Ahora mismo lamento mi exitosa vida -añadió con un
sombrío acento.
De
pronto, su melancólica reflexión se vio interrumpida por el sonar
de su celular y Brian un tanto dudoso de lo que iba a hacer, decidió
comenzar por bajar el volumen del estero sin dejar de mirar fijamente
el celular, finalmente dio un gran suspiro justo antes de llevarse el
celular al oído y contestar.
-¿buenos
días? –preguntó Brian deseando que nadie le respondiera.
-¿Brian
dónde estás? El jefe lleva casi una hora preguntando por ti.
–contestó una voz familiar al otro lado de la línea.
Brian
meditó un poco, tratando de reconocer la voz y pronto cayó en
cuenta de que se trataba de Michel, un compañero de oficina con el
que solía conversar a la hora del almuerzo.
-lo
siento Michel, ya voy en camino, solo que me he quedado atorado en el
tráfico y no sé cuánto tiempo pueda tardar…- dijo Brian un poco
sorprendido por lo que escuchó. Mientras tomaba su portafolios, se
levantó de la mesa y miró su reloj cómo si quisiera creerse su
propia mentira.
-Pues
no sé hombre pero se le ve bastante molesto, deberías darte prisa.
–Dijo Michel, en un tono que ponía en evidencia lo absurdo de la
excusa.
–
¡Ya voy! –Replicó
Brian, notoriamente ansioso, apagó el estéreo y a su paso por el
perchero tomó sus llaves y acto seguido giró la manija de la puerta
principal- Solo necesito escapar de este desastroso trafico y...
-masculló justo antes de abrir la puerta principal y ser
interrumpido por la cegadora luz matutina.
-¿Brian?
¿Y qué? Brian, ¿sigues ahí? –Preguntó Michel, pensando que
Brian le había colgado.
-Y
llego… -respondió Brian apenas recuperándose.
Al terminar la llamada se sintió rápidamente incomodo, pues tras la cegadora luz del sol logró vislumbrar una sombra, la cual rápidamente se le abalanzó sobre él. Brian comenzó a sentir pesadez y de pronto, todo a su alrededor se desvaneció, ya no podía ver ni escuchar. La oscuridad lo envolvió al igual que en un sueño y por un momento creyó flotar cómo si de pronto se encontrara fuera de sí.
Al terminar la llamada se sintió rápidamente incomodo, pues tras la cegadora luz del sol logró vislumbrar una sombra, la cual rápidamente se le abalanzó sobre él. Brian comenzó a sentir pesadez y de pronto, todo a su alrededor se desvaneció, ya no podía ver ni escuchar. La oscuridad lo envolvió al igual que en un sueño y por un momento creyó flotar cómo si de pronto se encontrara fuera de sí.
-¿Qué
es esta sensación? –Dijo para sí mientras sentía como perdía la
conciencia.
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